15 sept. 2005

Evaluación Docente YA

Fotografía en blanco y negro de un profesor explicando atres alumnos en una sala de clases

Todos los trabajadores y profesionales del mundo estamos sometidos, en términos generales, a dos tendencias a la hora de establecer las condiciones de nuestros contratos de trabajo.
Una tendencia apunta en la dirección de la estabilidad del empleo, esto es, cláusulas que tienden a proteger la permanencia del contratado en su fuente de trabajo. Como contrapartida de esta mayor garantía, suele ocurrir que estos empleos tienen menor retribución (o sea, sueldos más bajos, debido a que el sistema es más caro) y también que se construyen a su alrededor sistemas de evaluación del desempeño muy claros, normados y complejos.

El resultado de ello es que, si alguna vez fuera necesario terminar el trabajo de alguien, exista abundante fundamentación para ello y, especialmente, se pueda evitar el despido mediante procesos de evaluación que permitan mejorar los desempeños deficientes. En otras palabras, la evaluación es otro mecanismo de protección del empleo. Sólo en circunstancias muy específicas y reiteradas, la recurrente mala evaluación podría ser causal de término de la relación laboral.

En el otro extremo, el contrato de trabajo es un acuerdo entre ambas partes y, protegida por ley las condiciones mínimas que garanticen la libertad y resguarden los derechos elementales de las partes, el resto de las condiciones de contratación y finiquito son acordadas por las partes con amplios grados de libertad. Este tipo de trabajo suele ser mejor remunerado, ser mucho menos estable (y por tanto basarse mucho en la flexibilidad tanto de la empresa como del trabajador) y tener sistemas diversos de evaluación del desempeño, concordado también entre las partes.

La enorme mayoría de los trabajadores y profesionales en Chile está sometido a un régimen laboral más cercano a esta segunda tendencia. Un error relativamente serio en nuestro trabajo y podemos ser inmediatamente despedidos (con las respectivas indemnizaciones legales). Los empleados públicos, en cambio, viven una situación más parecida a la primera tendencia, aun cuando sus sistemas de evaluación son aún bastante limitados.

Los profesores de Chile, en particular algunos grupos del Colegio de Profesores, intentan construir un sistema insólito: Del primer modelo, quieren que se les asegure la estabilidad, del segundo modelo, quieren seguir aumentando sostenidamente sus remuneraciones hasta alcanzar a otras profesiones "liberales", pero por ningún motivo quieren ser evaluados.

Ellos trabajan con un bien público y estratégico de nuestro país: la educación de nuestros hijos. Y no les parece justo ni necesario, que la sociedad tenga derecho a conocer la calidad de su trabajo. No les parece importante que los profesores que no lo están haciendo bien reciban apoyo para hacerlo mejor. No consideran digno que un profesor que lo hace sistemáticamente mal durante ¡tres años! pese a los apoyos recibidos, sea separado de sus funciones docentes (con una indemnización millonaria, muy superior a la que recibe cualquiera de nosotros en cualquier circunstancia).

A mi me parece que ha llegado la hora de ponerse los pantalones frente a aquellos profesores que se niegan a la evaluación. Y eso es responsabilidad del Ministerio, qué duda cabe, pero también de los alcaldes y muy especialmente, de las propias familias. Son nuestros hijos los que están expuestos cinco horas diarias al trabajo de uno o varios profesionales de la educación. Como ciudadano y contribuyente, como apoderado y como cliente, tengo derecho a que se me garantice la calidad profesional de los profesores que educan a mis hijos.

La evaluación docente es una necesidad urgente de nuestra educación. Como me dijo un profesor hace algunos días, "si alguien no está dispuesto a aprender, no tiene derecho a enseñar"

2 comentarios:

  1. Me parece que estos profesores "rebeldes", sólo quieren ocultar sus deficiencias. Adaptando un dicho popular: "quien nada hace (mal), nada teme".

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  2. Comparto tus comentarios. Nuestro gremio tiene que profesionalizarse, exponerse a la crítica y al trabajo colaborativo. No podemos seguir encerrados entre cuatro paredes defendiendo un poder, que lejos de serlo es un reducto para darle la espalda a los desafíos de los tiempos que estamos viviendo.

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