12 jun. 2006

No saber ganar

fotografía de un grupo de escolares en una protesta en la calleSiguiendo la metáfora del Mundial de Fútbol, se puede resumir el resultado del conflicto estudiantil diciendo que fueron un equipo que no supo ganar.

El partido comenzó con gran sorpresa para el equipo del gobierno, que sabiéndose más poderoso, miró en menos al equipo rival y lo dejó desplegar su juego con total libertad. Los estudiantes aprovecharon la oportunidad y desplegaron un juego ágil, vistoso y muy inteligente.

Apenas comenzado el partido, los estudiantes recordaron que en noviembre del 2005 habían entregado un documento al ministerio con sus propuestas y demandas, y que hasta la fecha no habían obtenido ninguna respuesta: 1 - 0.

El gobierno entendió que había sido sólo un golpe de suerte y continuó confiado en su capacidad de revertir rápidamente el resultado. Cuando desde el ministerio de trataba de minimizar el movimiento y explicar que se trataba de pequeños grupos politizados, más y más liceos se sumaron a la protesta: 2 - 0.

Cuando se iba la primera etapa, el gobierno probó a desafiar a los estudiantes señalando que se trataba de grupos violentos y descontrolados. El equipo estudiantil se replegó en su propio campo, poniendo a los estudiantes dentro de los establecimientos, para que no pudieran ser acusados de la violencia de las calles. Con ese excelente juego de contragolpe, los estudiantes lograron otra cifra antes del descanso: 3 - 0.

Así terminó el primer tiempo. En los camarines, el gobierno se dio cuenta que tenía que tomar en serio al rival y poner más empeño y transpiración para sacar adelante el partido, por lo que las instrucciones fueron claras: había que salir a la cancha con otro espíritu.

Pero el pobre desempeño del primer tiempo no sólo no mejoró, sino que se hizo más patente la falta de recursos: el ministro de educación invitó a una mesa de diálogo, dijo que podían ir algunos estudiantes, después que podían ir todos, y después no asistió, y después si asistió, pero no logró canalizar las demandas de los estudiantes. Autogol: 4 -0.

El gobierno entró en franca preocupación, no sólo por el baile en la cancha, sino porque la galería estaba completamente volcada en favor de los estudiantes. Cuando sólo quedaban diez minutos, la capitana del equipo se luce en una jugada personal y mediante cadena nacional se hace cargo de todas las demandas de los estudiantes, dándoles respuesta más allá de lo que probablemente los propios estudiantes esperaban. 4 - 1.

Y aquí es donde el equipo estudiantil perdió la concentración, el orden y el espíritu. Al día siguiente había que declarar el triunfo, cuidar el resultado en los minutos que restaban. En lugar de ello, se declaran insatisfechos y ratifican un llamado a paro social para el lunes, con lo que buena parte de la galería comienza a sospechar de las motivaciones de todos los dirigentes: autogol 4 - 2.

Para colmo, en la preparación del paro se conoce de la participación de "asesores" adultos de los dirigentes estudiantiles, lo que acrecienta la imagen de un movimiento infiltrado con fines distintos de los planteados originalmente. Otro autogol: 4 - 3.

El martes después del paro y el miércoles tras la constitución de la Comisión Asesora Presidencial, en la que los estudiantes tienen asientos reservados, tienen la última oportunidad de cerrar el partido con un triunfo. Pero entonces se revelan las divisiones entre los dirigentes, algunos liceos se descuelgan, los protagonismos personales se despliegan, se repiten los accidentes en establecimientos tomados, poniendo en tela de juicio la capacidad de los estudiantes para controlar la situación. El gobierno, sin jugar mejor, logra en el contrataque establecer la duda en la ciudadanía y la convicción de que a los estudiantes se les pasó la mano: 4 - 4.

Y así, en un partido que se tenía asegurado, en el que jugaron mejor, los estudiantes deben resignar un empate final, que para el gobierno tiene sabor a triunfo, porque es difícil imaginar que jugaran peor y para ellos un sabor amargo de derrota, aunque consiguieron todo lo que se habían propuesto al iniciar el movimiento. El partido terminó cuando los estudiantes aceptaron lo mismo que podrían haber aceptado ese viernes glorioso, en que el marcador señalaba un 4 -1 inapelable y cuando el estadio coreaba al unísono su apoyo. Pero no supieron ganar.

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