5 nov. 2010

Educación: ¿viejas respuestas a nuevas preguntas?

Fuente de la imagen: http://www.sxc.hu
Las formas de creación y difusión del conocimiento, las estructuras de producción y las formas de participación social, han cambiado radicalmente en los últimos 20 años y estos cambios tienen sin duda una repercusión relevante en las expectativas que la sociedad tiene respecto de los sistemas educativos. Es perfectamente legítimo preguntarse qué entendemos por una educación de calidad en el siglo XXI, con la certeza de que la respuesta a esa pregunta será algo muy distinto de las escuelas que hemos heredado del siglo XX.

El gran desafío de la educación del siglo XX fue la democratización. Hacer que TODOS los niños tuvieran acceso a MÍNIMOS educativos que les permitieran desenvolverse en la sociedad, como ciudadanos y trabajadores competentes. América Latina en general fue particularmente exitosa en este esfuerzo, especialmente si se compara su avance con los indicadores de los años 80-90.

Sin embargo, todos percibimos con claridad la insuficiencia de este empeño. Hoy más niños están en las escuelas, pero los resultados educativos están muy lejos de tranquilizarnos. Y no sólo porque los mismos test internacionales nos muestran la brecha enorme que nos separa de los países desarrollados, sino porque notamos cómo la escuela, en su forma actual, aparece impermeable y rígida para abordar los desafíos que el siglo XXI le propone.

La gran pregunta del siglo XXI a la educación será cómo hacemos para seguir ofreciendo una educación que atiende a TODOS, pero que ofrece espacios y estrategias para desarrollar en CADA estudiante su MÁXIMO potencial.

Hay dos tendencias que representan este desafío de la educación del siglo XXI. La primera es que, luego del enorme esfuerzo de democratización de la educación en el siglo XX, la calidad pasa necesariamente por hacerse cargo de la diversidad que las escuelas han acogido. Los sistemas educativos de elite y homogéneos, dieron paso a sistemas masivos y altamente heterogéneos. Esta condición está en la raíz de las dificultades que enfrentan los países para mejorar la calidad de sus resultados educativos.

El esfuerzo de personalización requiere de una organización de la oferta educativa bastante diferente de la que tenemos hoy, mucho más flexible y abierta, que sea capaz de distinguir y reconocer en cada niño y niña sus habilidades e intereses, explotar colaborativamente su propio potencial, conectado con su entorno social y cultural. Esto requiere de sistemas y prácticas para los que la escuela de hoy no está preparada.

Competencias del Siglo XXI
Maneras de Pensar
  1. Creatividad e Innovación
  2. Pensamiento crítico, resolución de
    problemas y toma de decisiones
  3. Aprender a aprender, Meta cognición
Manera de trabajar
  1. Comunicación
  2. Colaboración y trabajo en equipo
Herramientas de Trabajo
  1. Alfabetización Informacional
  2. Alfabetización Digital
Vivir en el Mundo
  1. Ciudadanía, local y global
  2. Vida y Carrera
  3. Responsabilidad personal y social,
     incluyendo conciencia cultural y
    competencia
Fuente: ATC21S Project (2010)
La segunda tendencia y desafío es cómo las escuelas prepararán a sus estudiantes para enfrentar un futuro laboral y un ejercicio ciudadano marcado por el cambio permanente, donde se requiere, por tanto, de pensamiento crítico, flexibilidad, creatividad y desarrollar la aptitud para un aprendizaje permanente.

Estas han sido llamadas las Competencias del siglo XXI y están llamadas a apoyar el reordenamiento de los sistemas educativos, en orden a preparar a los estudiantes con mayor pertinencia. Ello implica encontrar mejores instrumentos para medir estas habilidades, preparar a los docentes para desempeñar nuevos roles, identificar y extender nuevas prácticas educativas que fortalezcan el desarrollo de estas competencias, contar con recursos educativos y plataformas de soporte que sostengan y apoyen estos nuevos aprendizajes.

Estas dos tendencias representan un desafío de la mayor relevancia para los sistemas educativos, en particular en América Latina, donde se debe enfrentar el desafío de la calidad, de manera de avanzar en la competitividad y el desarrollo económico, sin abandonar el esfuerzo por la ampliación de la cobertura en contextos de alta desigualdad.

Su desarrollo pasa ineludiblemente por sacar provecho del desarrollo tecnológico. El uso de tecnologías en educación no se relaciona con la cantidad de dispositivos digitales distribuidos por los gobiernos, sino con la forma en que los sistemas educativos integran el uso de tecnologías de manera holística, para impulsar y apoyar los cambios que les permitan alcanzar aprendizajes pertinentes a las demandas de la sociedad.

Las decisiones de política educativa del presente son las que nos acompañarán los próximos años. La actual discusión sobre educación es una buena excusa para hacernos la pregunta de fondo: ¿estamos buscando respuestas a las preguntas del siglo XXI o seguimos tratando de remendar nuestra educación del siglo XX?

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