26 mar. 2011

Tres Tazas de Té

Cuando George Bush decidió bombardear e invadir Afganistán en busca de Osama Bin Laden, los Talibán y todos los que estaban detrás del ataque a las Torres Gemelas, Greg Mortenson se estremeció, pensando en el dolor que vivirían tantas familias amigas y el riesgo real en el que estaban las cerca de 80 escuelas que para ese entonces había levantado en Pakistán, principalmente para educar niñas.

Ocho años antes, Greg estuvo a punto de morir en esas tierras, aunque no a causa de ninguna guerra. Su pasión por el montañismo lo había llevado a juntar dólar a dólar, ahorrando de su pequeño sueldo como enfermero en un hospital público de California, para ser parte de una expedición que se propuso alcanzar la cima del K2, al norte en el límite de Pakistán y China. Sin embargo, además de fracasar en el intento, una tormenta hizo que se separara del grupo y se perdiera algunos días tratando de encontrar el camino de regreso entre la nieve y el frío.

Cuando ya casi no tenía fuerzas, agua ni comida, fue milagrosamente encontrado por un guía, que lo llevó a su pueblo, Korphe, donde lo cuidó y alimentó hasta que estuvo sano nuevamente. En sus días de recuperación, Greg se dio cuenta de que los 84 niños del pueblo no tenían escuela y, en un espontáneo acto de gratitud, prometió volver al pueblo a levantar la escuela.

Diez años después, Greg era el gerente del Instituto para Asia Central, una ONG formada para apoyar su esfuerzo en favor de la educación en Pakistán y Afganistán, que ya acumulaba más de 100 escuelas y más de 80 mil estudiantes, quienes en medio de invasiones, bombardeos y pérdidas, seguían apostando a que, como repetía incansablemente Greg, la verdadera "Guerra contra el terror" no era la que dirigían Bush y Rumsfield desde Washington, sino la que se libraba cada día, piedra a piedra, levantando escuelas que ofrecieran a niños y especialmente niñas de esa zona, una oportunidad para una vida mejor.

No siempre fue un camino fácil, y requirió a Greg aprender a fuerza el sentido del respeto profundo por la cultura en la que estaba.

“Si quieres prosperar en el Baltistán, debes respetar nuestras costumbres”, le dijo Haji Ali soplando su bol. “La primera vez que compartes el té con un balti, eres un desconocido. La segunda vez que tomas el té, eres un invitado especial. Y la tercera vez que compartes una taza de té, pasas a ser parte de la familia, y por nuestra familia, estamos dispuestos a hacer lo que sea, hasta morir”, le explicó, estrechando cariñosamente la mano de Mortenson. “Doctor Greg, debes dedicar tiempo a compartir esas tres tazas de té. Es posible que seamos incultos, pero no somos tontos. Llevamos mucho tiempo viviendo y sobreviviendo aquí”.

“Aquel día, Haji Ali me enseñó la lección más importante de mi vida”, dice Mortenson. “Los americanos creemos que uno tiene que conseguir sus propósitos de forma inmediata. Somos el país de los almuerzos de trabajo de treinta minutos y de los entrenamientos de dos minutos. Nuestros líderes pensaron que su campaña de “terror” podría poner fin a la guerra de Irak antes de que empezara. Haji Ali me enseñó a compartir tres tazas de té, a ralentizar el ritmo y a tener la construcción de relaciones en tanta consideración como la construcción de proyectos. Me enseñó que tenía que aprender del pueblo con el que trabajaba más de lo que podía esperar enseñarles yo”.

Jahan es el nombre de la primera niña que egresó de la escuela de Korphe. Como Greg, ella continuó luego estudiando enfermería y se especializó en cuidado maternal. Como ella, cientos de mujeres vieron abrirse el futuro gracias a la oportunidad de sus vidas, la pequeña escuela que no existía y que el entusiasmo agradecido de un enfermero permitió que creciera en tierras golpeadas por la muerte y el dolor.

Esta es la historia que cuenta el libro "Tres tazas de té", de Greg Mortenson y David Oliver Relin, que relata el largo camino de Greg para entender y construir, para transformar piedras en escuelas, y prejuicios en esperanza. Es una historia que nos recuerda una vez más la importancia de la educación, pero también nos vuelve a remecer con la idea del poder increíble de una buena idea y de una persona que se decide a llevarla adelante.

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