5 nov. 2011

Aprender en el siglo XXI

¿Qué significa "aprender" en el siglo XXI? En tiempos de debate, en que la mirada parece tan puesta en la educación, vale la pena volver a la pregunta esencial, ya que corremos el riesgo de conformarnos con arreglar un par de leyes y reglamentos, agregar un poco más de plata por aquí, un poquito de supervisión por allá, y creer que tenemos un nuevo sistema educativo.

Aprender en el siglo XXI es una necesidad evidentemente nueva. Este el siglo en que un conjunto de experiencias educativas existentes e innovadoras, aunque acotadas y específicas, se irán transformando en la nueva norma, en la forma natural y evidente de ordenar la oferta educativa. La sociedad del conocimiento demanda nuevos conocimientos y competencias, y ofrece nuevas herramientas y manera de acceder a ello. Esa es la novedad principal.

¿Qué características centrales tiene el aprendizaje en el siglo XXI? Me parece que hay cuatro condiciones que se impondrán en este siglo para las cuales debiéramos estar preparando nuestros sistemas educativos.


1. Centrado en los estudiantes 
La educación masiva, democrática e industrial que consolidó el siglo XX ha alcanzado su umbral de productividad, y es incapaz de hacerse cargo de los nuevos desafíos: la diversidad en las aulas, el acceso de los estudiantes en contextos desaventajados, la conexión de la experiencia escolar con la construcción de conocimiento y la productividad. Cada estudiante es una tarea y el desarrollo de su potencial personal, el de cada uno, es la obligación de los sistemas escolares un trabajo personalizado que reconozca ritmos, intereses, capacidades y trayectorias diferenciadas, para que cada uno cuente con las habilidades y competencias que demanda la sociedad del conocimiento.

2. Experiencias de aprendizaje
Nuevas pedagogías y nuevos maestros, capaces de proponer experiencias de aprendizaje significativas a cada estudiante. Mucho más tutoría y coaching que dictado de clases y contenidos. Estudiantes mucho más activos para descubrir, crear, construir y compartir conocimiento y docentes que los acompañan en ese proceso, con amplio acceso a datos, opciones metodológicas, contenidos ricos (interactivos y multimedia) y con foco en un currículo básico (matemáticas, lengua, ciencias, artes), pero sistemas flexibles para participar y avanzar.

3. 24/7
Existen oportunidades para el aprendizaje en todo momento y lugar, mucho más allá de la escuela como espacio educativo exclusivo. Los medios de comunicación, los dispositivos móviles, la conectividad, las redes sociales y de colaboración ofrecen oportunidades para el aprendizaje continuo.

4. Ecosistema educativo alineado y focalizado
Todo el sistema escolar, desde los ministerios nacionales hasta las organizaciones locales, debe simplificar su mirada y su organización para estar alineado y focalizado en torno al aprendizaje de los estudiantes. Cada actor tendrá claramente definido su rol en torno a los ejes anteriores: su tarea es el aprendizaje de cada estudiante; ofrece apoyo para el desarrollo de las experiencias educativas significativas, disponibles para el aprendizaje en todo momento y lugar (flexibilidad).

Estos cuatro conceptos nos obligan a revisar la forma en que se desarrolla la carrera docente (desde a quiénes convoca, hasta cómo son preparados y compensados), el currículo, la organización de la escuela y el tiempo escolar, la infraestructura y los contenidos, la forma en que evaluamos y medimos los logros.

Algunos pueden seguir mirando hacia atrás, lamentando que las escuelas no logren alcanzar los niveles de calidad que esperamos, buscando culpables y soñando con recuperar lo que un día fueron. Yo prefiero que hablemos del futuro, de la educación que nuestros hijos y nuestros nietos van a vivir, de las claves que harán de ellos, no estudiantes del siglo XIX, sino aprendices del siglo XXI.

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